LA DETENCIÓN DEL CÓNSUL DE CHILE EN LA BARCELONA DEL 36.

 

Tras la batalla de Barcelona del 19 al 20 de julio de 1936, la Ciudad Condal o la Rosa de Foc quedó en manos de los contrarios al golpe militar. Las autoridades republicanas, como la restablecida Generalitat, se vieron desbordadas por la marcha de los acontecimientos, y el día 21 se constituyó el Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña, con tres representantes de la CNT (como Buenaventura Durruti), dos de la FAI, tres de la UGT, uno del PSUC, dos del POUM, tres de Esquerra Republicana, uno de la Unió de Rabassaires, uno de Acción Catalana Republicana y dos militares. El 25 de septiembre, en un ambiente marcado por la violencia, el conseller en cap de la Generalitat Joan Casanovas, de ERC, se vio forzado a dimitir al no lograr someter al Comité. Su correligionario Josep Tarradellas se haría cargo al día siguiente de la conselleria, formándose un nuevo gobierno autonómico en el que tuvieron entrada un representante del POUM (el célebre Andreu Nin), uno de la FAI y dos de la CNT. Surgía el Consell de la Generalitat. Con los anarquistas en el nuevo gobierno catalán, el Comité Central de Milicias se autodisolvió el 1 de octubre, pero prosiguieron sus patrullas de control. Además, el faísta Dionís Eroles fue nombrado jefe de los Servicios de la Comisaría General de Orden Público.

La detención la noche del 2 al 3 de octubre del señor Cádiz, el cónsul general de Chile en Barcelona, puso a prueba la cohesión y orientación del flamante Consell. Aunque el embajador de Chile, el gran Pablo Neruda, estuvo firmemente comprometido con la causa republicana, el representante consular de su nación en Barcelona resultó sospechoso a las patrullas (las milicias de la documentación) de simpatizar con los sublevados. El incidente quedó en un susto, pero el 23 de octubre el Cónsul británico alzó la voz e hizo saber su “intención de comunicar al Gobierno de S. M. la situación en que se encuentra el Cuerpo Consular en Barcelona”. Tarradellas era muy consciente de la aversión de Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia y otros países hacia los anarquistas, con las colectivizaciones en marcha, y procuró limar asperezas. Recibió una carta del propio Cádiz, en la que se le refirió lo acontecido:

“En la noche del 2 al 3 del corriente, hallándome a las diez y media de la noche en casa del señor Macaya a donde me había dirigido a pasar la noche, por haber cedido mis habitaciones del Consulado a la esposa e hijos del señor Cónsul de Chile en Madrid, se presentaron seis individuos pertenecientes a las Milicias y a la policía de la Aeronáutica a efectuar un registro.

“Hice constar desde el primer momento mi condición de representante consular. A las tres y media de la madrugada del sábado día 3, decidieron trasladar detenidos a cuantos se hallaban en dicha casa, manifestándoles por mi parte que no tenían derecho alguno a trasladarme, pero que debido a las actuales circunstancias me prestaba a acompañarles, aunque únicamente para prestar declaración.

“Trasladado a un local de las Milicias situado cerca de la plaza Molina, fui conducido a una habitación donde previo cacheo en el que se me desposeyó de toda la documentación y dinero que llevaba, se me dejó solo e incomunicado a pesar de mi protesta.

“Antes de las 9 de la mañana solicité  se me permitiera telefonear al Consulado, no logrando se me atendiera a pesar de insistir diversas veces. Manifesté entonces que telefoneasen por su parte a fin que se confirmara mi personalidad, sin ser tampoco atendido.

“Finalmente a las 7 de la tarde del sábado día 3 se me comunicó que quedaba en libertad, negándose a acompañarme en auto al Consulado, así como también el telefonear al Consulado para pedir fuesen a recogerme, devolviéndome todos los documentos pero no así el dinero.

“Por otra parte, el personal del Consulado realizaba las siguientes gestiones:

“Informados, a la 1 del mediodía, del hecho de mi detención, por haber comunicado del garaje que había sido retirado a remolque al automóvil M- 53064- CD, propiedad de la Embajada de Chile y al servicio de este Consulado General (el que yo usaba personalmente), por un comité tranviario que manifestó que la persona que utilizaba este coche no era tal Cónsul y que se hallaba detenido.

“Telefónicamente se comunicó el hecho a la Comisaría General de Orden Público, y el Canciller Adjunto del Consulado se dirigió a la Consejería de Seguridad Interior, donde fue recibido por el señor Secretario, quien se puso al habla con el señor Consejero, entregándose a nuestro Canciller una carta dirigida al señor Comisario General, en la cual se le encarecía la más urgente  aclaración del hecho, dado lo gravísimo del caso.

“Una vez en la Policía, hallóse  con que el señor Comisario General se había ausentado y que no regresaría hasta las 4 de la tarde. Mientras tanto, se pudo localizar por el Consulado donde se había realizado mi detención.

“A las 4 de la tarde, el señor Comisario General, sin recibir al Canciller Adjunto, designó a un agente para que realizase averiguaciones, las cuales efectuó acompañado de nuestro Canciller y de otro ciudadano chileno, y utilizando un coche del servicio del Consulado.

“En estas gestiones pudo aclararse que el Comité Tranviario antes mencionado nada tenía que ver en la detención y que se había procedido a requisar el automóvil, y en el Comité de Investigación de las Milicias Antifascistas  manifestaron que tenían rumores de la detención de los señores Macaya y de otro individuo que decía estar relacionado con el Cónsul de Chile. Se les indicó que se trataba del propio señor Cónsul Encargado, ante lo cual dijeron que harían averiguaciones y que no se tuviese temor ninguno por mi persona.

“Nuevamente en la oficina del Señor Comisario General, éste recibió a nuestro Canciller, quien le detalló cómo se había llegado a conocer mi detención, exponiendo a su vez el agente puesto a su disposición las averiguaciones practicadas. Manifestó entonces el señor Comisario que todo estaba claro y que se me libertaría pronto. A las 7 comunicaban al Consulado que se me libertaba en aquellos momentos; o sea, 21 horas después de mi detención.

“En la mañana del domingo al preguntar a la Policía sobre la situación del automóvil propiedad de la Embajada, se nos manifestó que había sido devuelto al garaje, si bien se hallaba a disposición del señor Comisario General, quien quería realizar unas averiguaciones. Hasta los actuales momentos nada se nos ha comunicado.

“Barcelona, 5 de octubre de 1936.”

El 12 de octubre, Josep Tarradellas escribió al Cónsul:

“Reitero, señor Cónsul, nuestras respetuosas excusas por tales hechos que derivan de acciones que las autoridades consulares con su reconocido tacto han de procurar evitar para que no se creen los equívocos que luego hemos de lamentar.”

También ordenó que le fueran devueltas sus 125 pesetas, “incautadas durante el registro”. No sería, ni de lejos, el último incidente que pusiera a prueba la cohesión del bando republicano en la fogosa Cataluña.

Fuentes.

CENTRO DOCUMENTAL DE LA MEMORIA HISTÓRICA.

PS-Barcelona-Generalitat, 19, 2.