Desde los tiempos de George Fox, allá por el siglo XVII, hasta la actualidad, los cuáqueros han defendido distintas causas humanitarias, algo que revela su apreciada luz interior, la que posibilita el sacerdocio universal de todos los creyentes.
En 1852 y en 1868, abogaron por la abolición de la esclavitud en los dominios españoles. Con la intención de evitar abusos, atendieron entre 1868 y 1882 los servicios de las reservas indias de Estados Unidos. Desde la Guerra de Crimea (1853-56), asistieron a la población civil afligida por los conflictos.
Durante la Guerra Civil de España no dejaron de socorrer a los más débiles. Gracias a la tolerancia religiosa del Frente Popular, Alfred y Norma Jacob recalaron en la Barcelona del verano del 36. Aquí los cuáqueros de origen británico colaboraron con la National Joint Committee for Spain Relief y con Save the Children International Union, que mandó a la pediatra suiza Miette Pictet. Los cuáqueros daneses y noruegos también ejercieron su labor en Barcelona.
A Murcia se dirigieron los cuáqueros estadounidenses a comienzos del 37, los de la American particularFriends Service Committee. Allí contaron con la ayuda económica del británico sir George Young, y pusieron en pie su Misión Española de Alimentación Infantil, que tuvo que enfrentarse a la llegada de numerosos refugiados procedentes del frente de Málaga. Alcanzaron justa fama sus establecimientos del Instituto de Higiene y del chalé de San Ginés, un hospital para niños refugiados. Pudieron dispensar a los necesitados géneros como café de Brasil. Destacó en las tareas humanitarias Francesca Wilson, una cuáquera británica con experiencia en la Gran Guerra.
La Ayuda Suiza a los niños de España alcanzó al angustiado Madrid de 1938. Los cuáqueros ejercieron también su labor en la España de Franco, pero al concluir la Guerra se les decomisaron los víveres y los camiones. La tolerancia religiosa hacia ellos brilló por su ausencia en este caso.
En la última fase de la Guerra, tuvo una gran importancia la Comisión Internacional para la Ayuda a los Niños Refugiados de España, con sede en Ginebra (trasladada a París en 1939), que fue dirigida por el juez noruego Michael Hansson. Con el comienzo de la Retirada republicana hacia Francia, la labor cuáquera resultó encomiable. Sus dos secciones (la ubicada en Barcelona en previsión de resistencia militar y la acompañante a los refugiados) terminaron uniéndose en el camino de marcha. Sus ocho trabajadores, dos automóviles y dos camiones pequeños se prodigaron.
En aquellos tristes días, repartieron unas 200.000 raciones de comida caliente y gastaron una cantidad de un millón y medio de francos, de la que se beneficiaron las mujeres y los niños particularmente. El hombre de negocios de Nueva York Howard Kershner coordinó los trabajos de ayuda.
En una Francia recelosa de la afluencia de los republicanos españoles, los cuáqueros encontraron hasta unos dos mil puntos de atención para unas 200.000 personas, entre mujeres, niños y ancianos. Algunos de aquéllos llegaron a ser verdaderas colonias.
Además, lograron entrar en los campos de prisioneros, como el de Argelès-sur-Mer, de condiciones pavorosas. Con el respaldo financiero del gobierno británico, pudieron ofrecer alimentos y ropas. Distribuyeron entre las mujeres toneladas de lana y miles de metros de tela para la confección de vestidos. El campo de la cultura tampoco se les escapó, pues repartieron lápices, cuadernos y libros, además de promover las llamadas Barracas de la cultura. Su causa contó con las simpatías de intelectuales y artistas británicos, cobrando fama algunas de las figuritas talladas sobre el jabón por prisioneros en los campos franceses.
Personas como la matrona Edith Pye destacaron entonces, y en su campaña internacional a favor de los republicanos exiliados recabaron donaciones individuales desde cuarenta francos, al menos. Se ha estimado que entre 1939 y 1940 ayudaron a unas 73.000 personas. La ocupación nazi de Francia no detuvo su empeño de servir a los demás, una dedicación que les haría merecedores del Nobel de la Paz en 1947.
Fuentes.
ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL.
Ultramar, 3553, Expediente 1.
Para saber más.
Linda Palfreeman, “La ayuda cuáquera británica a los exiliados republicanos españoles en los campos de concentración del sur de Francia (1939-1940)”, Dynamis 40 (1), 2020, pp. 23-47.

