La ciudad de Huesca asistió a importantes cambios urbanos y de servicios sociales entre 1931 y 1936. Atenta a lo que había acontecido en Jaca, la sublevación del 12 al 13 de diciembre de 1930 encabezada por los capitanes Galán y García Hernández, sus fuerzas antimonárquicas se impusieron por catorce concejales a seis a los partidarios de Alfonso XIII en las trascendentales elecciones municipales del 12 de abril de 1931. De mayo de 1932 a octubre de 1934 y del 21 de febrero a abril de 1936 fue alcalde Manuel Sender, muy vinculado a Azaña. Su hermano, el famoso novelista Ramón J. Sender, había militado desde mozo en las filas del anarquismo. En la ciudad, que por aquel entonces llegó a los 15.000 habitantes, los afiliados de la CNT en el Alto Aragón se mostraron muy activos. El artista ácrata Ramón Acín, amigo del capitán Galán, ejercía como profesor de dibujo en la Escuela Normal de Magisterio de una localidad con fuertes simpatías por el régimen republicano. No es casual que el propio Acín financiara en 1933 Las Hurdes, tierra sin pan de Buñuel con sus ganancias del premio gordo de la Lotería.
Las noticias de lo acontecido en Marruecos la tarde del 17 de julio llegaron a Huesca al día siguiente de forma clara. Por la noche del 18, una multitud reclamó ante el Gobierno Civil la entrega de armas para hacer frente a la insurrección militar. Sin embargo, el gobernador (el alicantino Agustín Carrascosa) aseguró al propio Acín y a otros que todo estaba bajo control. Miembro de Unión Republicana, sus relaciones con varios integrantes de la Izquierda Republicana de Azaña no eran buenas. Temeroso de los cenetistas, había aconsejado reforzar las unidades de la Guardia Civil, que se sumarían al golpe junto a las de la Guardia de Asalto. El 19, Carrascosa (tachado de traidor por algunos) resignó el mando y fue arrestado en su domicilio. El capitán José María Vallés detuvo al alcalde, el significado médico Mariano Carderera, que primero fue a parar a la Prisión Provincial y luego a Comandancia. Terminó fusilado, igual que otras personas.
Bajo la inconsistente acusación de masonería, cuando el Triángulo Joaquín Costa de Huesca apenas contaba con doce integrantes, se ejecutaron en los primeros momentos de la Guerra a unas ochenta y cinco personas. La represión franquista en la provincia, prolongada en la Posguerra, se llevaría por delante a un total de 1.519. En los libros de registro de asistencias de la Cruz Roja en la capital se pueden leer en el apartado de Traslados expresiones como “del campo de tiro al depósito”.
No eran meras palabras, precisamente. Se ejecutó al que fuera alcalde Manuel Sender, al presidente de la Cámara de Comercio Mariano Santamaría (detenido por tres falangistas en su negocio de tocinería el 12 de agosto), al inspector provincial de Sanidad (el médico socialista Pablo Montañés) o al significado Ramón Acín. Oculto en los primeros días de la Guerra, salió de su escondite el 6 de agosto al conocer el maltrato a su mujer Concha Monrás. Ese mismo día murió fusilado en las tapias del cementerio oscense. Diecisiete días más tarde, también caería ella, dejando dos huérfanas, Katia y Sol, de trece y once años respectivamente.
Paralelamente, las fuerzas leales a la República trataron de recuperar la ciudad. A las 8.30 del 21 de julio tres aviones republicanos arrojaron sobre Huesca pasquines, que causaron muy escaso efecto. Poco más tarde caerían las primeras bombas sobre el cuartel Alfonso I. Se movilizó hacia allí a la columna miliciana Carlos Marx el 24 y al día siguiente a la Ascaso, reforzadas con tropas de Barbastro. Los sublevados no estaban dispuestos a perder Huesca, y enviaron fuerzas de requetés de Navarra, una bandera de la Legión y un tabor de Regulares. Daba comienzo el largo asedio de Huesca, que se prolongaría hasta marzo del 38, mientras dentro de la ciudad la represión seguía su inflexible curso.
Para saber más.
José Luis Giménez, “El frente de Huesca capital (1936-1938)”, Annales: Anuario del Centro de la Universidad Nacional de Educación a Distancia de Barbastro, 6, 1989, pp. 35-50.
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