PARÍS, LIBERADO POR LOS ALIADOS.

 

Tal día como hoy, un 25 de agosto de hace 78 años, París era liberado de la ocupación alemana. Las primeras fuerzas aliadas que entraron en la capital fueron las de la 9ª compañía de la 2ª división blindada de la Francia Libre, comandada por el general Leclerc, la Nueve. Capitaneada por el francés Raymond Dronne, estaba formada por unos 150 republicanos españoles, mayoritariamente anarquistas, socialistas, poumistas o simplemente contrarios a Franco. La Nueve desembarcó en Normandía entonando La cucaracha, encuadrada en el III Ejército estadounidense al mando del general Patton. Aquel 25 de agosto, los soldados extremeños del blindado Guadalajara, en honor de la batalla de la Guerra Civil, fueron los primeros en alcanzar la plaza de ayuntamiento. Al principio marginada, su contribución a la victoria contra el nazismo ha sido justamente reivindicada en los últimos años.

En un plano más amplio, el general Eisenhower, el jefe supremo de las fuerzas Aliadas que dirigió la Operación Overlord (el desembarco de Normandía), explicó así en sus memorias de guerra la liberación de la Ciudad de la Luz. No citó a los republicanos españoles, pero su narración no deja de tener interés:

“Un problema especial que se agudizó hacia finales de agosto fue el de fijar lo que había de hacerse con París. Durante todas las operaciones preliminares tuvimos que adoptar laboriosas medidas para no bombardear la capital francesa. Aun dentro del programa de destrucción de comunicaciones en Francia, por lo que toca a la región parisina lo hicimos por medio de ataques a nudos ferroviarios, dejando indemnes las estaciones del interior de la urbe. Con igual finalidad general deseábamos que París no llegara a convertirse en campo de batalla, y, en consecuencia, planeamos operaciones para aislar y rodear la zona circundante, obligando así a rendirse a la guarnición defensora. Desconocíamos, desde luego, el estado y la situación de los habitantes de la ciudad. Por el momento, era nuestra intención ahorrar en lo posible municiones y gasolina para el combate, a fin de adelantar cuanto pudiéramos nuestras líneas, y yo contaba con demorar la ocupación efectiva de la capital hasta que se tuviera noticia de que sus habitantes carecían de lo más indispensable para subsistir.

“En este sentido, frustró mis propósitos la actividad de las fuerzas de franceses libres dentro de París. En toda Francia, estas fuerzas habían sido de inestimable utilidad durante la campaña. Se mostraron particularmente eficaces en Bretaña, y en toda la extensión del frente nos ayudaron en multitud de formas. Sin su excelente concurso, la liberación de Francia y la derrota del enemigo en el oeste de Europa habrían consumido mucho más tiempo, y nos hubiera costado pérdidas bastante mayores. Así, cuando los franceses libres se alzaron en armas, fue necesario acudir rápidamente a su socorro. La información indicaba que no habría un choque de importancia, y se esperaba que la llegada de una o dos divisiones aliadas bastaría para dejar libre la ciudad.

“El general Bradley concedió el honor de la primera entrada a la 2ª división del general Leclerc. Los veteranos de esta unidad habían comenzado en el lago Chad tres años antes, hicieron una marcha casi increíble, a través del desierto del Sáhara, se unieron al VIII Ejército para participar en la última campaña africana, y en esta ocasión, el 25 de agosto de 1944, se rendía a su comandante el general alemán jefe de la guarnición alemana de París. Era un hito satisfactorio de la odisea iniciada en el África central para terminar dignamente en Berchtesgaden, dentro de Alemania.

“Sin embargo, antes de que los alemanes quedaran completamente reducidos en París y la ciudad en orden, tuvo que ser enviada allí la 4ª división americana. Por fortuna, la lucha no ocasionó grandes daños materiales. Desde nuestro punto de vista, la más importante de todas estas favorables circunstancias fue el hecho de quedar intactos los puentes del Sena.”

Dwight D. Eisenhower, Cruzada en Europa, Barcelona, 2007, pp. 333-334.