Cuadrar las cuentas es muchas veces más fácil de decir que de hacer. No obstante, algunos con buena voluntad lo hicieron y lo hacen. Esperemos que lo continúen haciendo. Los Institutos de Secundaria no escapan a tal arte contable, y en el Instituto de Bachillerato de Requena (el actual IES UNO) se cuadraron con detalle por su Junta Económica a fines del curso 1933-34, concretamente un 12 de julio de 1934, meses antes de que la tensión política retorciera todavía más la vida española.
En aquel tiempo, la autonomía financiera era teóricamente mayor que la actual, aunque siempre se quede en el chocolate del loro. Como los ingresos por matrículas eran de singular valor, se hizo un interesante balance de los matriculados.
Con matrículas de honor no se registró ningún colegiado, pero sí once alumnos varones y cinco mujeres en régimen educativo oficial, y veintidós varones y tres mujeres en el educativo libre. Se reconoció la gratuidad de matrícula a un varón y a siete mujeres en el oficial, y a dieciocho varones y tres mujeres en el libre. En las matrículas de pago ordinarias, se registraron en el oficial 401 varones y 85 mujeres, y 3.866 varones y 713 en el libre, cifras ciertamente importantes, pues no olvidemos que uno de los pocos Institutos de la provincia de Valencia por aquel entonces era el de Requena. Además, 522 varones y 394 en el libre hicieron el pago de extraordinarias.
No se apuntaron trasladados, ni instituciones complementarias, pero sí elementos tan valiosos como el patrimonio bibliográfico. La biblioteca atesoraba 1.432 obras en 780 volúmenes (una preciosa indicación), a disposición de profesores y alumnos, llegándose a calcular un promedio anual de 5.680 lectores, atendidos en 480 horas de servicio bibliotecario.
No se olvidaron, ni por asomo, otras actividades, que aportaban ciencia y requerían de recursos, como las 166 horas de Física, las 156 de Gimnasia, cinco excursiones a núcleos urbanos, diecinueve al campo, una visita de carácter musical y con exposiciones, otra a un lugar histórico-artístico, y seis conferencias ofrecidas por profesores del Instituto.
Sentadas así las bases, se desglosó el presupuesto, con sus partidas de ingresos y gastos.
En la de ingresos ordinarios de gestión directa, se percibieron 1.620 pesetas por los servicios educativos (a razón de quince pesetas), 1.566 por matrículas oficiales (a razón de tres), 12.537 (a tres pesetas), 10.477 por formación de expedientes (a 2´50), 20.895 por la inscripción de alumnos en régimen educativo libre (a cinco), 1.467 por expedientes de ingreso, 5.500 por la expedición de títulos del bachillerato elemental, y 7.380 por los repasos voluntarios, cobrándose por cada mes unas diez pesetas. En total, se ingresaron 61.442 pesetas.
Entre los gastos ordinarios de gestión directa, no se hicieron constar los de oficina o mantenimiento, quizá por correr a cuenta del Ayuntamiento. Los servicios de cultura (como la excursión de visita a Valencia, Tarragona, Barcelona y Zaragoza) supusieron el pago de 4.933 pesetas; los de matrícula y certificaciones, el de 23.147; y las gratificaciones y permanencias de profesores, 7.380. En suma, 35.460 pesetas de gastos.
La diferencia anual entre ingresos y gastos era favorable, de 25.982 pesetas, un saldo que la Junta Económica reducía a 20.664 por cuestiones pendientes de otros ejercicios.
Se incorporaban a esta base, los ingresos y gastos correspondientes al Estado, al Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. Los ingresos eran de 4.080 pesetas por los derechos de matrícula oficial; 50.072, por los de matrícula no oficial; y 6.007 por timbres y pólizas, lo que sumaba 60.159 pesetas, cantidad muy cercana a la de la primera partida de ingresos. Entre los gastos con los que corrió el Estado, se encontraron la consignación presupuestaria para los profesores de 32.856 pesetas, y las 4.000 para el personal administrativo, unas 36.856 pesetas, superiores a los dispendios de la partida gestionada por el Instituto.
Con un remanente de 23.303 pesetas de los fondos del Estado y un saldo acumulado de 20.664, el Instituto disponía sobre el papel de 43.967 pesetas, algo que no estaba nada mal en los tiempos de la Gran Depresión, que no dejaron de golpear a España. Los pagos de matriculación, como hemos visto, resultaban esenciales: estudiar en aquellos tiempos no estaba al alcance de muchos, y durante la Guerra Civil se intentaría ampliar la gratuidad de estudios a todos aquellos con capacidad intelectual que carecieran del maldito parné.
Fuente.
ARCHIVO HISTÓRICO DEL IES UNO DE REQUENA, Sección Económica, Presupuestos.