LOS NAZIS Y EL CONTROL DE PRECIOS.

 

 

Una de las obsesiones del III Reich fue el expansionismo más agresivo, lo que hizo saltar el gasto militar del 4% de 1933 a la mitad del presupuesto en 1938, cuando la guerra parecía inminente. Al final de la República de Weimar, la economía alemana se enfrentaba al formidable reto de la Gran Depresión, con una inflación que pulverizaba el poder adquisitivo de demasiadas personas. Sin embargo, los productores también acusaron el durísimo golpe de la caída de las ventas, lo que llevó a la ruina a muchas empresas y negocios. La evolución del índice de los precios al por mayor en Alemania, sobre la base 100 del año 1913, resulta bien elocuente de tales dificultades:

Años Productos agrícolas Materias primas industriales Medios de producción industriales Objetos de consumo
1928 134´3 134´1 137 174´9
1933 86´4 88´4 114´2 111´7
1936 107´5 94 113 127´3
1937 106 96´2 113´2 133´3
1938 105´9 94´1 113 135´4
1939 108´8 94´9 112´8 136´1
1941 111´2 99´6 113´3 146´8
1942 113´7 102´2 113´5 147
1943 118´6 102´4 113´8 149´6

 

En 1933, el año de la ascensión nazi al poder, los precios de los productos agrícolas pasaban por un momento difícil. Si su desplome fue brutal en comparación con su cotización en 1928, su recuperación resultó inferior a la de los objetos de consumo, que tampoco alcanzaron los niveles anteriores al Crack del 29. La Guerra fomentaría su encarecimiento tanto en un caso como en el otro.

Las medidas económicas de control autárquico del nacional-socialismo, tendentes al rearme, posibilitaron que los precios oficiales de las materias primas industriales y de los medios de producción industrial se mantuvieran en unos niveles estables, oficialmente. En el Plan Cuatrienal de 1936 se congelaron precios y salarios, además de controlar las divisas, las materias primas y la mano de obra. La ruptura de hostilidades del 1 de septiembre de 1939 distó mucho de impugnar semejante política, que no detuvo la inflación real, con los males del mercado negro, y que dejó el pesado fardo de 380.000 millones de marcos de deuda al caer el III Reich.

Para saber más.

Charles Bettelheim, La economía alemana bajo el nazismo, Editorial Fundamentos, Madrid, 1977.

 

LA DETENCIÓN DEL CÓNSUL DE CHILE EN LA BARCELONA DEL 36.

 

Tras la batalla de Barcelona del 19 al 20 de julio de 1936, la Ciudad Condal o la Rosa de Foc quedó en manos de los contrarios al golpe militar. Las autoridades republicanas, como la restablecida Generalitat, se vieron desbordadas por la marcha de los acontecimientos, y el día 21 se constituyó el Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña, con tres representantes de la CNT (como Buenaventura Durruti), dos de la FAI, tres de la UGT, uno del PSUC, dos del POUM, tres de Esquerra Republicana, uno de la Unió de Rabassaires, uno de Acción Catalana Republicana y dos militares. El 25 de septiembre, en un ambiente marcado por la violencia, el conseller en cap de la Generalitat Joan Casanovas, de ERC, se vio forzado a dimitir al no lograr someter al Comité. Su correligionario Josep Tarradellas se haría cargo al día siguiente de la conselleria, formándose un nuevo gobierno autonómico en el que tuvieron entrada un representante del POUM (el célebre Andreu Nin), uno de la FAI y dos de la CNT. Surgía el Consell de la Generalitat. Con los anarquistas en el nuevo gobierno catalán, el Comité Central de Milicias se autodisolvió el 1 de octubre, pero prosiguieron sus patrullas de control. Además, el faísta Dionís Eroles fue nombrado jefe de los Servicios de la Comisaría General de Orden Público.

La detención la noche del 2 al 3 de octubre del señor Cádiz, el cónsul general de Chile en Barcelona, puso a prueba la cohesión y orientación del flamante Consell. Aunque el embajador de Chile, el gran Pablo Neruda, estuvo firmemente comprometido con la causa republicana, el representante consular de su nación en Barcelona resultó sospechoso a las patrullas (las milicias de la documentación) de simpatizar con los sublevados. El incidente quedó en un susto, pero el 23 de octubre el Cónsul británico alzó la voz e hizo saber su “intención de comunicar al Gobierno de S. M. la situación en que se encuentra el Cuerpo Consular en Barcelona”. Tarradellas era muy consciente de la aversión de Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia y otros países hacia los anarquistas, con las colectivizaciones en marcha, y procuró limar asperezas. Recibió una carta del propio Cádiz, en la que se le refirió lo acontecido:

“En la noche del 2 al 3 del corriente, hallándome a las diez y media de la noche en casa del señor Macaya a donde me había dirigido a pasar la noche, por haber cedido mis habitaciones del Consulado a la esposa e hijos del señor Cónsul de Chile en Madrid, se presentaron seis individuos pertenecientes a las Milicias y a la policía de la Aeronáutica a efectuar un registro.

“Hice constar desde el primer momento mi condición de representante consular. A las tres y media de la madrugada del sábado día 3, decidieron trasladar detenidos a cuantos se hallaban en dicha casa, manifestándoles por mi parte que no tenían derecho alguno a trasladarme, pero que debido a las actuales circunstancias me prestaba a acompañarles, aunque únicamente para prestar declaración.

“Trasladado a un local de las Milicias situado cerca de la plaza Molina, fui conducido a una habitación donde previo cacheo en el que se me desposeyó de toda la documentación y dinero que llevaba, se me dejó solo e incomunicado a pesar de mi protesta.

“Antes de las 9 de la mañana solicité  se me permitiera telefonear al Consulado, no logrando se me atendiera a pesar de insistir diversas veces. Manifesté entonces que telefoneasen por su parte a fin que se confirmara mi personalidad, sin ser tampoco atendido.

“Finalmente a las 7 de la tarde del sábado día 3 se me comunicó que quedaba en libertad, negándose a acompañarme en auto al Consulado, así como también el telefonear al Consulado para pedir fuesen a recogerme, devolviéndome todos los documentos pero no así el dinero.

“Por otra parte, el personal del Consulado realizaba las siguientes gestiones:

“Informados, a la 1 del mediodía, del hecho de mi detención, por haber comunicado del garaje que había sido retirado a remolque al automóvil M- 53064- CD, propiedad de la Embajada de Chile y al servicio de este Consulado General (el que yo usaba personalmente), por un comité tranviario que manifestó que la persona que utilizaba este coche no era tal Cónsul y que se hallaba detenido.

“Telefónicamente se comunicó el hecho a la Comisaría General de Orden Público, y el Canciller Adjunto del Consulado se dirigió a la Consejería de Seguridad Interior, donde fue recibido por el señor Secretario, quien se puso al habla con el señor Consejero, entregándose a nuestro Canciller una carta dirigida al señor Comisario General, en la cual se le encarecía la más urgente  aclaración del hecho, dado lo gravísimo del caso.

“Una vez en la Policía, hallóse  con que el señor Comisario General se había ausentado y que no regresaría hasta las 4 de la tarde. Mientras tanto, se pudo localizar por el Consulado donde se había realizado mi detención.

“A las 4 de la tarde, el señor Comisario General, sin recibir al Canciller Adjunto, designó a un agente para que realizase averiguaciones, las cuales efectuó acompañado de nuestro Canciller y de otro ciudadano chileno, y utilizando un coche del servicio del Consulado.

“En estas gestiones pudo aclararse que el Comité Tranviario antes mencionado nada tenía que ver en la detención y que se había procedido a requisar el automóvil, y en el Comité de Investigación de las Milicias Antifascistas  manifestaron que tenían rumores de la detención de los señores Macaya y de otro individuo que decía estar relacionado con el Cónsul de Chile. Se les indicó que se trataba del propio señor Cónsul Encargado, ante lo cual dijeron que harían averiguaciones y que no se tuviese temor ninguno por mi persona.

“Nuevamente en la oficina del Señor Comisario General, éste recibió a nuestro Canciller, quien le detalló cómo se había llegado a conocer mi detención, exponiendo a su vez el agente puesto a su disposición las averiguaciones practicadas. Manifestó entonces el señor Comisario que todo estaba claro y que se me libertaría pronto. A las 7 comunicaban al Consulado que se me libertaba en aquellos momentos; o sea, 21 horas después de mi detención.

“En la mañana del domingo al preguntar a la Policía sobre la situación del automóvil propiedad de la Embajada, se nos manifestó que había sido devuelto al garaje, si bien se hallaba a disposición del señor Comisario General, quien quería realizar unas averiguaciones. Hasta los actuales momentos nada se nos ha comunicado.

“Barcelona, 5 de octubre de 1936.”

El 12 de octubre, Josep Tarradellas escribió al Cónsul:

“Reitero, señor Cónsul, nuestras respetuosas excusas por tales hechos que derivan de acciones que las autoridades consulares con su reconocido tacto han de procurar evitar para que no se creen los equívocos que luego hemos de lamentar.”

También ordenó que le fueran devueltas sus 125 pesetas, “incautadas durante el registro”. No sería, ni de lejos, el último incidente que pusiera a prueba la cohesión del bando republicano en la fogosa Cataluña.

Fuentes.

CENTRO DOCUMENTAL DE LA MEMORIA HISTÓRICA.

PS-Barcelona-Generalitat, 19, 2.

LA CONDENA DE LA VIOLENCIA DE LA GUERRA CIVIL.

 

Entre el 17 y el 18 de julio de 1936 tuvo lugar el golpe de parte del Ejército contra el gobierno de la República. Los sublevados controlaron desde el primer momento el Protectorado de Marruecos (de gran importancia militar), pero las dotaciones de la Armada no los secundaron y fracasaron en ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia ante la resistencia de las milicias populares, en las que los anarquistas se condujeron de manera particularmente activa. España se dividió trágicamente en dos campos opuestos en una guerra civil que duraría oficialmente hasta el 1 de abril de 1939. La historiografía ha subrayado la paradoja de unos insurrectos que dijeron tomar las armas “preventivamente” contra un hipotético golpe revolucionario y que abrieron las puertas a la revolución con su ataque al Estado republicano. En Requena, la actuación del general Riquelme neutralizó la posible adhesión de la dotación de la Guardia Civil local al golpe, mientras las fuerzas más revolucionarias del Frente Popular se hicieron con la situación. Pertrechadas con explosivos de las obras de la carretera de Valencia y unas cuantas escopetas, ejercieron su autoridad, dispusieron guardias en puntos como el Hospital de Pobres e iniciaron las incautaciones de bienes urbanos y rústicos. Templos como el de Santa María sufrieron daños irreparables, al considerar muchos revolucionarios a la Iglesia una de las grandes causantes de los males de España.

En estas circunstancias, el Ayuntamiento se vio literalmente desbordado. Sus disposiciones no eran acatadas y sus plenos se interrumpieron ante la violencia desatada, que afectó dramáticamente a más de un concejal. El 17 de agosto de aquel fatídico 1936 pudo volver a reunirse un pleno acongojado y mermado, en el que tomó la palabra el alcalde José García Tomás. Pasadas unas semanas, resignarían su autoridad a una nueva Comisión Gestora, pero sus palabras de condena de la violencia son imperecederas:

“En el salón de sesiones de las casas consistoriales de la ciudad de Requena, a las 16 horas, 30 minutos, el Alcalde Presidente D. José García Tomás con asistencia de los señores concejales que al margen se relacionan, declaran abierta la sesión, dando comienzo unas manifestaciones de condenación para el movimiento revolucionario que elementos sin conciencia han promovido, produciendo la ruina de nuestro País y desolación en millares de hogares españoles.”

Queda lo dicho y escrito.

Fuentes.

ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE REQUENA.

Actas municipales del 2 de mayo de 1935 al 5 de noviembre de 1936, nº. 2866.

 

BERLÍN, PUNTO CLAVE DE LA OPERACIÓN WALKIRIA.

 

Antes del ascenso de los nazis al poder, Berlín era una de las metrópolis más vanguardistas del mundo occidental. Su población, antes de la II Guerra Mundial, alcanzó los 4.338.756 habitantes, y su grandeza hizo creer a Hitler que se convertiría en la capital de un imperio que cambiaría el curso de la Historia durante un milenio, el III Reich. Con la colaboración del arquitecto Speer, que escalaría posiciones de poder en el régimen nazi, el Führer soñó en remodelar la ciudad, cambiando su nombre por el de Germania. No sospechaba en 1939 que terminaría siendo el campo de batalla del final de la Guerra, donde terminaría suicidándose, conquistada por los soviéticos y dividida en dos frentes durante la larga Guerra Fría.

El siglo XX marcó trágicamente la vida de los berlineses, y a día de hoy puede visitarse su Centro Monumental de la Resistencia Alemana, que recuerda que no todos los alemanes se sumaron a las filas del nacional-socialismo. En verdad, las primeras víctimas del terror nazi fueron alemanas, aunque no todos los alemanes cobraron conciencia de los males de jugar con fuego. El Centro se sitúa en el antiguo número trece de Bendlerstrasse, al mediodía del Tiergarten, el pulmón verde del centro de la ciudad. Allí se emplazó el Bendlerblock o la sede del Alto Mando del Ejército, donde tuvieron lugar algunos de los acontecimientos de la Operación Walkiria, la que se propuso acabar con Hitler y su autoridad tras la apertura del segundo frente en Europa con el desembarco de Normandía.

Las relaciones entre el Führer que se creía un infalible genio militar, digno de Napoleón, y la alta oficialidad del Ejército fueron complicadas. Muchos generales menospreciaron al cabo bohemio a despecho de las victorias iniciales alemanas en la Guerra. Acusados muchos generales de un elitismo contrario al espíritu popular nacional-socialista, las SS jugaron esta baza para disponer de sus propias fuerzas armadas. Los primeros contratiempos hicieron aflorar la tirantez. Ante la previsión de algún movimiento de disidencia interna, se pergeñó en diciembre de 1941 el primer plan Walkiria, que sería retocado en septiembre de 1943.

Se partía del supuesto de la muerte del Führer Adolfo Hitler en medio del intento de una camarilla de “partidos extranjeros” de hacerse con el control del Reich. Para detenerlo, se declararía el estado de emergencia militar, y el mando pasaría a los comandantes principales del ejército, que lo harían extensivo a las mismas SS. En este engranaje, resultaría clave la actitud del comandante del ejército de reserva, con sede en Berlín.

Tal hombre era en 1944 el general Fromm, en cuya caja fuerte del Bendlerblock las SS encontrarían una lista de implicados en la conspiración, como el juez del Tribunal del Pueblo Freisler, hasta ese momento un seguidor del régimen. Fromm había entrado en contacto con los planes de la conspiración a través del comandante von Stauffenberg, el célebre jefe de Estado Mayor del general von Tresckow. Junto a militares como Olbricht (padre intelectual de la primigenia Walkiria) y Beck, se pensaba atentar mortalmente contra Hitler, tomar el poder y negociar una paz con los aliados, especialmente con los anglo-americanos, para evitar lo peor.

El veleidoso Fromm jugó sus cartas, y llegó a poner en una lista negra a su amigo Speer, de la máxima confianza del Führer. Cuando los generales Beck y von Witzleben le instaron a que pusiera en marcha el plan acordado el 20 de julio del 44, llamó por teléfono a Rastenburg al mariscal Keitel, que le confirmó que Hitler vivía. Había fracasado el atentado en la Guarida del Lobo, en la Prusia Oriental de entonces.

Paralelamente, un confundido oficial Remer intentó arrestar al mismo ministro de propaganda Goebbels, que le hizo desistir de sus intenciones poniéndole al teléfono con el mismísimo Hitler. El golpe había fracasado, y muchos se pusieron al servicio de los leales. El propio Fromm habló  con el temible Himmler, el reichsführer de las SS, y se dedicó a detener y a fusilar a más de uno de sus camaradas de conspiración. Entre otros, ordenó ejecutar a Stauffeenberg y a Olbricht la noche del mismo 20 de julio. A Beeck se le permitió suicidarse. Así pensaba ocultar su implicación.

La lucha por la capital del Reich se había decantado por los seguidores de Hitler, pero Fromm no terminó en el bando vencedor. Tanto Himmler como Goebbels desconfiaron vivamente de sus prisas a la hora de ordenar ejecuciones, y el 21 de julio ordenaron arrestarlo al mismo Remer, ascendido a coronel por Hitler. Acusado de cobardía ante el enemigo, terminaría fusilado el 12 de marzo de 1945, cuando la pesadilla distaba de haber finalizado para las gentes de Berlín.

Para saber más.

Joachim Fest, Plotting Hitler´s Death. The German Resistance to Hitler, 1933-1945, Phoenix, 1997.

 

LA MATRÍCULA DEL INSTITUTO DE REQUENA: SU BIORRITMO DE 1928 A 1947.

 

En el curso 1928-29, hace ya cerca de cien años, el Instituto de Requena (el actual IES UNO) abrió sus aulas, entonces alojadas en el edificio del Carmen. Su matrícula de estudiantes da buena cuenta de su pulso vital en los años trascendentales que contemplaron la caída de la dictadura de Miguel Primo de Rivera, el final de la Monarquía, la II República, la Guerra Civil y la Posguerra del primer franquismo, casi nada.

La matrícula diferenciaba el alumnado que cursaba todas las asignaturas del plan de estudios en el mismo Instituto (la oficial), el que las cursaba desde un colegio privado religioso (como las Escuelas Pías de Utiel) y se examinaba en nuestro Centro, y el que de forma libre también se examinaba aquí formándose en otro centro de otra localidad. Por entonces, no todos los jóvenes tuvieron la fortuna de formarse en la Enseñanza Secundaria, considerada la antesala de los estudios superiores universitarios, a pesar que en los tiempos anteriores a la Guerra se acordaron en claustro el equivalente de las becas: las exenciones de pagos de derechos de estudios, que dejaban de ser percibidos como ingreso salarial por un profesorado altruista.

Una parte importante de los matriculados, especialmente los de la forma libre, no eran de Requena ni de su comarca, sino de otros puntos de la geografía valenciana y del resto de España, pues en 1928-29 nuestro Instituto era uno de los tres de toda la provincia de Valencia, junto al de Játiva y al de la propia capital. En el registro de salidas de su Archivo Histórico, se conserva una relación numérica de su matrícula desde el curso 1928-29 al de 1946-47. Se le puede reprochar que no contenga los datos de los cursos correspondientes a la Guerra Civil, cuando el Instituto mantuvo su labor contra viento y marea, pero aun así resulta ser una fuente histórica preciosa:

Curso académico. Número de matriculados de forma oficial. Número de matriculados de forma colegiada privada. Número de matriculados de forma libre. Total.
1928-29 23 17 172 212
1929-30 35 34 191 260
1930-31 52 25 258 335
1931-32 87 563 650
1932-33 107 839 946
1933-34 121 781 902
1934-35 111 277 388
1935-36 151 257 408
1939-40 18 18
1940-41 215 49 264
1941-42 258 41 299
1942-43 214 30 37 281
1943-44 193 23 155 371
1944-45 196 43 231 470
1945-46 214 34 315 563
1946-47 180 47 584 811

 

Se observa a las claras la laicización de la Enseñanza Pública en España entre la instauración del régimen republicano y el triunfo del franquismo. La matrícula libre se vio muy afectada a partir de 1934-35 por la apertura del segundo Instituto de Bachillerato de la ciudad de Valencia, el Vicente Blasco Ibáñez. No obstante, la matrícula oficial mantuvo un pulso firme y continuo a lo largo del tiempo y de las circunstancias adversas. Más allá de la intervención del general Varela para mantener el Instituto pasada la Guerra, fue la confianza y estimación de la sociedad requenense la que salvó una de sus más preciadas de la Edad de Plata de la cultura española.

Fuentes.

ARCHIVO HISTÓRICO DEL IES UNO DE REQUENA.

Registro de salidas, año 1947.

 

LOS NÚMEROS DEL TERROR, LOS DE LAS VÍCTIMAS DE LA REPRESIÓN.

 

La ejecución, el asesinato, de un ser humano es detestable, especialmente por razones de conciencia u orientación política. La Guerra Civil desató un siniestro baile de muerte, que se prolongó más allá de 1939. El estudio de la represión ha avanzado bastante en los últimos años gracias a una serie de concienzudas investigaciones monográficas.

La represión franquista se inició en 1936, con el arranque de la Guerra, y resultó especialmente severa durante la Posguerra. En veinticinco provincias se ha podido estudiar ya de forma completa el número de ejecutados. Tales son sus terribles resultados, ordenados de mayor a menor:

PROVINCIA NÚMERO DE VÍCTIMAS
Córdoba 9.579
Sevilla 8.000
Málaga 7.000
Zaragoza 6.029
Asturias 5.952
Huelva 5.455
Granada 5.048
Toledo 3.755
Valencia 3.128
Navarra 2.789
Logroño 2.000
Barcelona 1.716
Cáceres 1.680
Tenerife 1.600
Huesca 1.519
Teruel 1.340
Castellón 1.052
Las Palmas 1.000
Alicante 742
Tarragona 703
Gerona 519
Lérida 450
Almería 373
Segovia 356
Soria 281

 

El número de víctimas suma un total de 72.066 personas, pero ciertas estimaciones la ascienden a 72.833.

Además, otras once provincias han sido estudiadas de manera parcial, con los siguientes resultados provisionales:

PROVINCIA NÚMERO DE VÍCTIMAS
Badajoz 7.909
Madrid 2.663
Cádiz 2.507
Ciudad Real 1.614
Albacete 1.600
Jaén 1.392
Valladolid 1.207
Burgos 1.038
Santander 923
Lugo 625
Salamanca 338

 

Se deben de añadir, al menos, otras 21.816 personas más, lo que arrojaría una cifra parcial de 94.649 víctimas de la represión franquista, muy superior a los 57.000 fusilados estimados antes del establecimiento de la Democracia en España.

Por las mismas fechas, se estimaba que la represión en el campo republicano había alcanzado las 70.000 víctimas. Los resultados de las recientes investigaciones son los siguientes:

PROVINCIA NÚMERO DE VÍCTIMAS
Madrid 8.815
Provincias catalanas 8.352
Valencia 2.844
Málaga 2.607
Ciudad Real 2.186
Córdoba 2.060
Teruel 1.702
Badajoz 1.416
Jaén 1.368
Castellón 1.031
Granada 994
Albacete 920
Alicante 840
Zaragoza 742
Murcia 740
Sevilla 480
Almería 471
Huelva 145
Cáceres 130

 

En total, se han cuantificado unas 37.843 víctimas.

La represión desencadenada por la Guerra se llevó a unas 132.492 personas, como mínimo, lo que representaría el 0´536% de los 24.693.000 habitantes de la España de 1936: un coste humano a todas luces excesivo.

Para saber más.

Santos Juliá (coordinador), Víctimas de la Guerra Civil, Editorial Planeta, Barcelona, 2005.

HUIDA AL INFIERNO

 

La Guerra Civil fue un drama y otro drama resultó ser su final, cuando muchos españoles tuvieron que abandonar la tierra de sus mayores para evitar humillación y muerte. Al departamento de los Pirineos Orientales, la Cataluña francesa, llegó un aluvión de refugiados, muchos de los cuales fueron internados en verdaderos campos de concentración, como el requenense Francisco Martínez Aser, que terminaría sus días en el matadero nazi de Gusen, cercano al no menos escalofriante Mauthausen.

La vida y época de los requenenses ejecutados en aquella zona exterminadora del III Reich ha sido estudiada con detalle por equipos de estudiantes de primero de Bachillerato del IES UNO de Requena durante el curso 2021-22. Para culminar este año de trabajo humanístico, nuestro Centro ha realizado un viaje de estudios a la tierra que presenció la Retirada, la marcha de soldados y civiles partidarios de la República desde Cataluña. Tal método de trabajo ya lo aconsejó la Institución Libre de Enseñanza. Lo hemos emprendido en compañía de los compañeros del IES Hoya de Buñol, que también trabaja las cuestiones de Memoria Histórica, y hemos contado con el apoyo del Ayuntamiento de Requena para su realización.

A día de hoy, la Coste Rouge es un agradable territorio abierto al turismo, con plácidas estaciones termales que celebran las bondades del Mediterráneo. Aparentemente, nada indica a primera vista el horror vivido hace casi un siglo. Las asociaciones de hijos de refugiados republicanos españoles (la de Fils et Filles de Républicains Espagnols et Enfants de l´Exode, FFREEE) y la labor de personas como Juan Ocaña, que fue cónsul honorario de España en el Sur de Francia, han contribuido a restituir el recuerdo y el conocimiento de este capítulo de Historia española escrito en territorio francés. No ha sido fácil, ya que el tema del colaboracionismo de Vichy con los nazis todavía resulta espinoso para ciertos sectores de la opinión pública francesa.

Los testimonios de aquellos niños de la Guerra nos han permitido apreciar el drama humanitario vivido alrededor del campo de la playa de Argelès-sur-Mer, desbordado en marzo del 39 por la concentración de hombres, mujeres y criaturas pequeñas. No menos impactante resulta la visita al centro de reclusión de Rivesaltes, en el Sáhara del Midi, donde el calor y los tábanos hacen de muy difícil pasar los meses de verano. Su muy documentado Memorial desgrana los pormenores de un infierno que martirizó a republicanos españoles, judíos de toda Europa y otras personas durante la II Guerra Mundial. La exposición allí de parte de las obras de Josep Bartolí plasma todo el horror padecido, que más tarde se prolongaría con la concentración de argelinos colaboradores con los franceses.

Un balsámico contrapunto a tanta amargura es la recientemente recuperada a la memoria y al público Maternidad Suiza de Elna, donde vinieron al mundo 595 niños y niñas, muchos de madres republicanas recluidas en campos. Algunos pequeños de origen judío salvaron su vida con el españolísimo nombre de Antonio. No debe de olvidarse que la Gestapo llegó a cerrarla en 1944. Mientras tanto, una persona de la calidad humana de la enfermera suiza Elisabeth Eidenbenz, verdadera activista por los Derechos Humanos, se consagró a dar vida en medio de la desolación, atendiendo al día a día en todos sus pormenores.

Tal obra todavía, si cabe, se acrecienta si tenemos en cuenta que a fecha de 2022 ignoramos los nombres de muchos niños que murieron en los campos. Para los que buscan a un familiar cuyo cuerpo no han localizado, hay una tumba que simboliza a todos los que padecieron el exilio, la de Antonio Machado en Colliure, donde tuvimos la grata experiencia de homenajearlo y de contar con la lúcida conversación de las personas de la Fondation Antonio Machado Colliure.

Para los jóvenes, incluso para gente más mayor, lo sucedido hace décadas puede parecer lejano, aunque apenas nos separan un par de generaciones históricas de la guerra, la persecución, el hambre y el crimen. Como colofón, emprendimos una marcha senderista entre Cerbère y Portbou, a horcajadas de la frontera que tuvieron que cruzar demasiadas personas. Reflexionar mientras se hace camino al andar es muy bueno.

Y olvidar no es nada bueno, pues no podemos ignorar quiénes somos en realidad. En aquel trozo de Francia con corazón español todos han estado unánimes en su recomendación, desde particulares a instituciones como el Memorial del campo de Argelès: la Historia debe de saberse y la Escuela, con mayúsculas, contribuir a ello, con la esperanza que nadie vuelva a sufrir el infierno sobre la tierra.