ANTIRREPUBLICANOS EN EL CONSULADO FRANCÉS DE BARCELONA (1937).

 

El Servicio de Relaciones Exteriores de la Generalitat tuvo conocimiento de actividades contrarias a la República, a través de un informe anónimo de fecha desconocida, por parte de individuos vinculados al Consulado de Francia en Barcelona. En el informe se les tacha de fascistas. El diario La Vanguardia denunció la trama el 8 de abril de 1937. Sin embargo, la adopción de medidas estrictas contra la representación consular francesa y las personas vinculadas a la misma resultaba en extremo delicada para los apurados republicanos españoles. Del informe, extractamos una serie de pasajes significativos:

“En este Consulado, con la excusa de ofrecerse como “voluntarios”, prestan servicio los elementos “Croix de Feu” más significativos. Podemos dar los nombres y actividades de cada uno.

“BOYARD.- Representante de productos químicos que se hace llamar “Capitán Boyard”. Dicho individuo se ocupa de recibir a los fascistas españoles y dirigirlos a los servicios que tienen montados para facilitar su ayuda. Se ocupa igualmente de recoger la correspondencia dirigida a los facciosos sin pasar la censura.

“De este modo, desde Barcelona pueden los fascistas españoles comunicar sin ninguna dificultad con los territorios ocupados por los rebeldes o con los fascistas que se encuentran en Francia, Italia o Alemania.

“De este servicio se ocupa igualmente el fascista francés, también voluntario, llamado Valette. Se envían así documentos de espionaje, fotografías, etc.

(…)

“El agente comercial (del Consulado, Camille Robin), para ganar la confianza de los hombres de izquierda de la Generalidad, se ofrece a ellos para comprar mercancías de Francia e incluso los acompaña a París.

“De esta forma puede hacer viajes de ida y vuelta sin llamar la atención y entrevistarse con los elementos facciosos. Según el Reglamento del Ministerio de Comercio, le está prohibido hacer operaciones comerciales, pero sus jefes fascistas hacen figurar otro motivo a su viaje (viaja siempre en avión). Antes se hospedaba en el Hotel Palais d´Orsay; ahora, para despistar, para en el Gran Hotel.

“Se produce, pues, el caso que nuestros camaradas vienen con él oficialmente en servicio de compras y por parte al Ministerio se cita su viaje por otro motivo.

“Según se ha podido averiguar se ocupa sobre todo de la exportación de valores “Chades”, pues es lo que más interesa a los facciosos por ser valores más solicitados en Italia y Alemania.”

Fuente.

Els papers confiscats de Salamanca (Revista Sàpiens), Barcelona, 2018, D. 14.

UN SIMPÁTICO SOLDADO BUSCA MADRINA DE GUERRA.

 

Al ser ocupada una parte de Francia por los alemanes durante la I Guerra Mundial, muchos soldados originarios de aquellas regiones conquistadas supieron desde 1915 de los azares de sus familias por las cartas de unas amables remitentes, las madrinas de guerra. Su correspondencia fue de gran ayuda para mantener la moral de las tropas en el frente, siempre frágil, y la exitosa idea pasó a otros ejércitos pronto, como el español de la guerra del Rif de los años veinte.

Durante la Guerra Civil, las madrinas aparecieron antes en el campo franquista que en el republicano, donde las mujeres desempeñaron funciones públicas, en la milicia y en la política, más relevantes. En el semanario La Ametralladora, editado desde 1937 en San Sebastián y precursor de La Codorniz, los soldados requerían su cortesía con seudónimos como Pedro Matapiojos o Tarzán de las Ratas. Algunas respondían con nombres tan sugerentes como Sonsoles Quitapenas. Además de balsámicas cartas, enviaban tabaco, prendas de ropa o alimentos a los afortunados.

En 1938, el fenómeno cobró fuerza entre los soldados del Ejército Popular de la República, como fue el caso de Vicente Garcerà, de la 131ª Brigada Mixta de la 30ª División, resultado de la militarización en abril de 1937 de la Columna Macià-Companys (de milicianos de ERC y Estat Català). La unidad fue asistida o apadrinada por los populares almacenes barceloneses Jorba. El 3 de octubre del 38, en plena batalla del Ebro, Vicente escribe una simpática carta a una gentil Srta. X, que como sostiene Dulce Chacón son la expresión de “un hombre solo, que entretiene la espera con el sabor del lenguaje. Un hombre que conjura el tedio con la ansiedad del náufrago que espera su botella, en la esperanza de que una mujer responda a su misiva. Un hombre desolado, que reclama la atención de una mujer, desconocida en muchas ocasiones, para que su tiempo no se enrede en el miedo, en la muerte que acecha.” He aquí su carta:

“131 BRIGADA MIXTA DE LA 30 DIVISIÓN, QUE APADRINA MAGATZEMS JORBA-BARCELONA.

“Srta. X:

“No sé quién es V. ni tampoco sé si es guapa o fea; joven o vieja; soltera, casada, viuda o divorciada; en fin, no sé cuál su condición y a decir verdad poco me importa puesto que el único fin que yo veo al solicitar su amable correspondencia no es otro que el de pasar unos ratos agradables y amenos con la lectura de sus humorísticas cartas, porque eso sí, la única cualidad que yo le exijo es que conserve V. el buen humor que tanto escasea en las actuales circunstancias. Ahora, que si es V. joven y guapa tanto mejor, pues ¿a quién le amarga un dulce?

“Quizás le interese saber el porqué de haberme dirigido a la sección de juguetes solicitando madrina de guerra y no a las otras secciones, pues sencillamente porque me parece la sección más alegre y optimista, y la única que puede satisfacer el fin que yo persigo por considerar que no puede estar triste una mujer entre juguetes y recibiendo la visita de tantos niños como irán a recibir la alegría de sus manos en forma de juguete. No iba a dirigirme a la de pompas fúnebres si es que hay en un almacén enciclopédico como ése, por motivo de que podría darse el caso de recibir una carta pidiéndole las medidas para mandarme “un estuche”, cosa que me haría sacar una patita de conejo que tengo como amuleto y pronunciar las palabras misteriosas de ¡lagarto, lagarto! Por si las moscas. Tampoco a la de paños higiénicos, pues alguna vez llegara a agotar el tema en la contestación y me acogiera al único recurso, que es hablarle del negocio a la interesada, se me cubrirían las mejillas de rubor. ¡No, ni pensarlo! ¿A qué sección, pues? Ya la tengo, me dije, la más alegre, a la de los juguetes. Ahora Srta., la que haya tenido la bondad de imponerse la molesta tarea de contestar mis cartas, ¿tendría la amabilidad de decirme su nombre y darme las señas a las cuales deseo recibir mis cartas? Espero su contestación con ansiedad y supongo que no defraudará V. a un combatiente que desea comunicarse con alguien que la haga olvidar la monotonía del frente con sus rasgos humorísticos de ingenio personal.

“Sin más que decirle se despide de V. su nuevo amigo Vicente Garcerá.

“Nota. La dirección mía va en el remite del sobre.

“En campaña, 3 de octubre de 1938.”

Fuente.

Archivo Histórico de Don Enrique Díez Sanz.

Para saber más.

Manuel de Ramón y Carmen Ortiz, Madrina de guerra: cartas desde el frente, Madrid, 2003.

Manuel de Ramón, “Las madrinas de guerra en la Guerra Civil”, Bulletin Hispanique, 118-1, 2016, pp. 157-174.

ÁNGELES EN MEDIO DE LOS INFIERNOS, LOS CUÁQUEROS.

 

Desde los tiempos de George Fox, allá por el siglo XVII, hasta la actualidad, los cuáqueros han defendido distintas causas humanitarias, algo que revela su apreciada luz interior, la que posibilita el sacerdocio universal de todos los creyentes.

En 1852 y en 1868, abogaron por la abolición de la esclavitud en los dominios españoles. Con la intención de evitar abusos, atendieron entre 1868 y 1882 los servicios de las reservas indias de Estados Unidos. Desde la Guerra de Crimea (1853-56), asistieron a la población civil afligida por los conflictos.

Durante la Guerra Civil de España no dejaron de socorrer a los más débiles. Gracias a la tolerancia religiosa del Frente Popular, Alfred y Norma Jacob recalaron en la Barcelona del verano del 36. Aquí los cuáqueros de origen británico colaboraron con la National Joint Committee for Spain Relief y con Save the Children International Union, que mandó a la pediatra suiza Miette Pictet. Los cuáqueros daneses y noruegos también ejercieron su labor en Barcelona.

A Murcia se dirigieron los cuáqueros estadounidenses a comienzos del 37, los de la American  particularFriends Service Committee. Allí contaron con la ayuda económica del británico sir George Young, y pusieron en pie su Misión Española de Alimentación Infantil, que tuvo que enfrentarse a la llegada de numerosos refugiados procedentes del frente de Málaga. Alcanzaron justa fama sus establecimientos del Instituto de Higiene y del chalé de San Ginés, un hospital para niños refugiados. Pudieron dispensar a los necesitados géneros como café de Brasil. Destacó en las tareas humanitarias Francesca Wilson, una cuáquera británica con experiencia en la Gran Guerra.

La Ayuda Suiza a los niños de España alcanzó al angustiado Madrid de 1938. Los cuáqueros ejercieron también su labor en la España de Franco, pero al concluir la Guerra se les decomisaron los víveres y los camiones. La tolerancia religiosa hacia ellos brilló por su ausencia en este caso.

En la última fase de la Guerra, tuvo una gran importancia la Comisión Internacional para la Ayuda a los Niños Refugiados de España, con sede en Ginebra (trasladada a París en 1939), que fue dirigida por el juez noruego Michael Hansson. Con el comienzo de la Retirada republicana hacia Francia, la labor cuáquera resultó encomiable. Sus dos secciones (la ubicada en Barcelona en previsión de resistencia militar y la acompañante a los refugiados) terminaron uniéndose en el camino de marcha. Sus ocho trabajadores, dos automóviles y dos camiones pequeños se prodigaron.

En aquellos tristes días, repartieron unas 200.000 raciones de comida caliente y gastaron una cantidad de un millón y medio de francos, de la que se beneficiaron las mujeres y los niños particularmente. El hombre de negocios de Nueva York Howard Kershner coordinó los trabajos de ayuda.

En una Francia recelosa de la afluencia de los republicanos españoles, los cuáqueros encontraron hasta unos dos mil puntos de atención para unas 200.000 personas, entre mujeres, niños y ancianos. Algunos de aquéllos llegaron a ser verdaderas colonias.

Además, lograron entrar en los campos de prisioneros, como el de Argelès-sur-Mer, de condiciones pavorosas. Con el respaldo financiero del gobierno británico, pudieron ofrecer alimentos y ropas. Distribuyeron entre las mujeres toneladas de lana y miles de metros de tela para la confección de vestidos. El campo de la cultura tampoco se les escapó, pues repartieron lápices, cuadernos y libros, además de promover las llamadas Barracas de la cultura. Su causa contó con las simpatías de intelectuales y artistas británicos, cobrando fama algunas de las figuritas talladas sobre el jabón por prisioneros en los campos franceses.

Personas como la matrona Edith Pye destacaron entonces, y en su campaña internacional a favor de los republicanos exiliados recabaron donaciones individuales desde cuarenta francos, al menos. Se ha estimado que entre 1939 y 1940 ayudaron a unas 73.000 personas. La ocupación nazi de Francia no detuvo su empeño de servir a los demás, una dedicación que les haría merecedores del Nobel de la Paz en 1947.

Fuentes.

ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL.

Ultramar, 3553, Expediente 1.

Para saber más.

Linda Palfreeman, “La ayuda cuáquera británica a los exiliados republicanos españoles en los campos de concentración del sur de Francia (1939-1940)”, Dynamis 40 (1), 2020, pp. 23-47.

LEGIONARIOS REPUBLICANOS EN EL CAMPO DE CONCENTRACIÓN DE ZELUÁN.

 

Los insurrectos contra la República instauraron rápidamente un verdadero campo de concentración en la alcazaba de Zeluán, a treinta kilómetros de Melilla. Allí fueron a parar disidentes de todo tipo, como unos cuantos legionarios contrarios a las ideas de los sublevados. En relación a ellos, se cursó el 1 de septiembre de 1936 esta orden:

“Para su conocimiento participo a V. S. he ordenado al Capitán de Infantería, Juez, Don Cándido Mena Trigueros haga entrega al Capitán Juez Permanente del Territorio de Rif Don Fernando García Moreno de los procedimientos que tramita contra los paisanos ex-legionarios ISMAEL SALCEDO CASTAÑÓN, por ideas extremistas; ANTONIO ROJAS PEÑA, por sus actividades revolucionarias; JOSÉ MOYA TORCUATO y ANTONIO RUIZ PÉREZ por sus ideas extremistas; José López Fernández, Ginés Sánchez López, Manuel Álvarez Santín, Rafael Ariza Postigo, Francisco Laras Jiménez, Pedro Rodríguez Martín, Ramón Ríos Peiteado, José Manzanares Rodríguez, Bienvenido Catalina Arnaiz, Manuel Ramos Ponte, Juan Vicente García Gallego, Antonio Manuel Guillermino y Francisco Beltrán López, por sus ideas extremistas, para que por dicho Juez se continúe su tramitación, por haber sido necesario trasladar a dichos individuos a la Isla de Alhucemas, ya que se encontraban presos en el Campo de Concentración de Zeluán y no ser conveniente su continuación en dicho punto por su conducta poco ejemplar y tener continuamente soliviantados a los presos y detenidos de dicho Campo de Concentración.”

Fuente.

María Elena Fernández Díaz, Violencia política y represión. Melilla después del alzamiento: el campo de concentración de Zeluán. UNED, 2016, Tesis doctoral accesible en e-spacio Documento 17.

EL INFIERNO DEL 36 EN HUESCA.

 

La ciudad de Huesca asistió a importantes cambios urbanos y de servicios sociales entre 1931 y 1936. Atenta a lo que había acontecido en Jaca, la sublevación del 12 al 13 de diciembre de 1930 encabezada por los capitanes Galán y García Hernández, sus fuerzas antimonárquicas se impusieron por catorce concejales a seis a los partidarios de Alfonso XIII en las trascendentales elecciones municipales del 12 de abril de 1931. De mayo de 1932 a octubre de 1934 y del 21 de febrero a abril de 1936 fue alcalde Manuel Sender, muy vinculado a Azaña. Su hermano, el famoso novelista Ramón J. Sender, había militado desde mozo en las filas del anarquismo. En la ciudad, que por aquel entonces llegó a los 15.000 habitantes, los afiliados de la CNT en el Alto Aragón se mostraron muy activos. El artista ácrata Ramón Acín, amigo del capitán Galán, ejercía como profesor de dibujo en la Escuela Normal de Magisterio de una localidad con fuertes simpatías por el régimen republicano. No es casual que el propio Acín financiara en 1933 Las Hurdes, tierra sin pan de Buñuel con sus ganancias del premio gordo de la Lotería.

Las noticias de lo acontecido en Marruecos la tarde del 17 de julio llegaron a Huesca al día siguiente de forma clara. Por la noche del 18, una multitud reclamó ante el Gobierno Civil la entrega de armas para hacer frente a la insurrección militar. Sin embargo, el gobernador (el alicantino Agustín Carrascosa) aseguró al propio Acín y a otros que todo estaba bajo control. Miembro de Unión Republicana, sus relaciones con varios integrantes de la Izquierda Republicana de Azaña no eran buenas. Temeroso de los cenetistas, había aconsejado reforzar las unidades de la Guardia Civil, que se sumarían al golpe junto a las de la Guardia de Asalto. El 19, Carrascosa (tachado de traidor por algunos) resignó el mando y fue arrestado en su domicilio. El capitán José María Vallés detuvo al alcalde, el significado médico Mariano Carderera, que primero fue a parar a la Prisión Provincial y luego a Comandancia. Terminó fusilado, igual que otras personas.

Bajo la inconsistente acusación de masonería, cuando el Triángulo Joaquín Costa de Huesca apenas contaba con doce integrantes, se ejecutaron en los primeros momentos de la Guerra a unas ochenta y cinco personas. La represión franquista en la provincia, prolongada en la Posguerra, se llevaría por delante a un total de 1.519. En los libros de registro de asistencias de la Cruz Roja en la capital se pueden leer en el apartado de Traslados expresiones como  “del campo de tiro al depósito”.

No eran meras palabras, precisamente. Se ejecutó al que fuera alcalde Manuel Sender, al presidente de la Cámara de Comercio Mariano Santamaría (detenido por tres falangistas en su negocio de tocinería el 12 de agosto), al inspector provincial de Sanidad (el médico socialista Pablo Montañés) o al significado Ramón Acín. Oculto en los primeros días de la Guerra, salió de su escondite el 6 de agosto al conocer el maltrato a su mujer Concha Monrás. Ese mismo día murió fusilado en las tapias del cementerio oscense. Diecisiete días más tarde, también caería ella, dejando dos huérfanas, Katia y Sol, de trece y once años respectivamente.

Paralelamente, las fuerzas leales a la República trataron de recuperar la ciudad. A las 8.30 del 21 de julio tres aviones republicanos arrojaron sobre Huesca pasquines, que causaron muy escaso efecto. Poco más tarde caerían las primeras bombas sobre el cuartel Alfonso I. Se movilizó hacia allí a la columna miliciana Carlos Marx el 24 y al día siguiente a la Ascaso, reforzadas con tropas de Barbastro. Los sublevados no estaban dispuestos a perder Huesca, y enviaron fuerzas de requetés de Navarra, una bandera de la Legión y un tabor de Regulares. Daba comienzo el largo asedio de Huesca, que se prolongaría hasta marzo del 38, mientras dentro de la ciudad la represión seguía su inflexible curso.

Para saber más.

José Luis Giménez, “El frente de Huesca capital (1936-1938)”, Annales: Anuario del Centro de la Universidad Nacional de Educación a Distancia de Barbastro, 6, 1989, pp. 35-50.

 

LOS NAZIS Y EL CONTROL DE PRECIOS.

 

 

Una de las obsesiones del III Reich fue el expansionismo más agresivo, lo que hizo saltar el gasto militar del 4% de 1933 a la mitad del presupuesto en 1938, cuando la guerra parecía inminente. Al final de la República de Weimar, la economía alemana se enfrentaba al formidable reto de la Gran Depresión, con una inflación que pulverizaba el poder adquisitivo de demasiadas personas. Sin embargo, los productores también acusaron el durísimo golpe de la caída de las ventas, lo que llevó a la ruina a muchas empresas y negocios. La evolución del índice de los precios al por mayor en Alemania, sobre la base 100 del año 1913, resulta bien elocuente de tales dificultades:

Años Productos agrícolas Materias primas industriales Medios de producción industriales Objetos de consumo
1928 134´3 134´1 137 174´9
1933 86´4 88´4 114´2 111´7
1936 107´5 94 113 127´3
1937 106 96´2 113´2 133´3
1938 105´9 94´1 113 135´4
1939 108´8 94´9 112´8 136´1
1941 111´2 99´6 113´3 146´8
1942 113´7 102´2 113´5 147
1943 118´6 102´4 113´8 149´6

 

En 1933, el año de la ascensión nazi al poder, los precios de los productos agrícolas pasaban por un momento difícil. Si su desplome fue brutal en comparación con su cotización en 1928, su recuperación resultó inferior a la de los objetos de consumo, que tampoco alcanzaron los niveles anteriores al Crack del 29. La Guerra fomentaría su encarecimiento tanto en un caso como en el otro.

Las medidas económicas de control autárquico del nacional-socialismo, tendentes al rearme, posibilitaron que los precios oficiales de las materias primas industriales y de los medios de producción industrial se mantuvieran en unos niveles estables, oficialmente. En el Plan Cuatrienal de 1936 se congelaron precios y salarios, además de controlar las divisas, las materias primas y la mano de obra. La ruptura de hostilidades del 1 de septiembre de 1939 distó mucho de impugnar semejante política, que no detuvo la inflación real, con los males del mercado negro, y que dejó el pesado fardo de 380.000 millones de marcos de deuda al caer el III Reich.

Para saber más.

Charles Bettelheim, La economía alemana bajo el nazismo, Editorial Fundamentos, Madrid, 1977.

 

LA DETENCIÓN DEL CÓNSUL DE CHILE EN LA BARCELONA DEL 36.

 

Tras la batalla de Barcelona del 19 al 20 de julio de 1936, la Ciudad Condal o la Rosa de Foc quedó en manos de los contrarios al golpe militar. Las autoridades republicanas, como la restablecida Generalitat, se vieron desbordadas por la marcha de los acontecimientos, y el día 21 se constituyó el Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña, con tres representantes de la CNT (como Buenaventura Durruti), dos de la FAI, tres de la UGT, uno del PSUC, dos del POUM, tres de Esquerra Republicana, uno de la Unió de Rabassaires, uno de Acción Catalana Republicana y dos militares. El 25 de septiembre, en un ambiente marcado por la violencia, el conseller en cap de la Generalitat Joan Casanovas, de ERC, se vio forzado a dimitir al no lograr someter al Comité. Su correligionario Josep Tarradellas se haría cargo al día siguiente de la conselleria, formándose un nuevo gobierno autonómico en el que tuvieron entrada un representante del POUM (el célebre Andreu Nin), uno de la FAI y dos de la CNT. Surgía el Consell de la Generalitat. Con los anarquistas en el nuevo gobierno catalán, el Comité Central de Milicias se autodisolvió el 1 de octubre, pero prosiguieron sus patrullas de control. Además, el faísta Dionís Eroles fue nombrado jefe de los Servicios de la Comisaría General de Orden Público.

La detención la noche del 2 al 3 de octubre del señor Cádiz, el cónsul general de Chile en Barcelona, puso a prueba la cohesión y orientación del flamante Consell. Aunque el embajador de Chile, el gran Pablo Neruda, estuvo firmemente comprometido con la causa republicana, el representante consular de su nación en Barcelona resultó sospechoso a las patrullas (las milicias de la documentación) de simpatizar con los sublevados. El incidente quedó en un susto, pero el 23 de octubre el Cónsul británico alzó la voz e hizo saber su “intención de comunicar al Gobierno de S. M. la situación en que se encuentra el Cuerpo Consular en Barcelona”. Tarradellas era muy consciente de la aversión de Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia y otros países hacia los anarquistas, con las colectivizaciones en marcha, y procuró limar asperezas. Recibió una carta del propio Cádiz, en la que se le refirió lo acontecido:

“En la noche del 2 al 3 del corriente, hallándome a las diez y media de la noche en casa del señor Macaya a donde me había dirigido a pasar la noche, por haber cedido mis habitaciones del Consulado a la esposa e hijos del señor Cónsul de Chile en Madrid, se presentaron seis individuos pertenecientes a las Milicias y a la policía de la Aeronáutica a efectuar un registro.

“Hice constar desde el primer momento mi condición de representante consular. A las tres y media de la madrugada del sábado día 3, decidieron trasladar detenidos a cuantos se hallaban en dicha casa, manifestándoles por mi parte que no tenían derecho alguno a trasladarme, pero que debido a las actuales circunstancias me prestaba a acompañarles, aunque únicamente para prestar declaración.

“Trasladado a un local de las Milicias situado cerca de la plaza Molina, fui conducido a una habitación donde previo cacheo en el que se me desposeyó de toda la documentación y dinero que llevaba, se me dejó solo e incomunicado a pesar de mi protesta.

“Antes de las 9 de la mañana solicité  se me permitiera telefonear al Consulado, no logrando se me atendiera a pesar de insistir diversas veces. Manifesté entonces que telefoneasen por su parte a fin que se confirmara mi personalidad, sin ser tampoco atendido.

“Finalmente a las 7 de la tarde del sábado día 3 se me comunicó que quedaba en libertad, negándose a acompañarme en auto al Consulado, así como también el telefonear al Consulado para pedir fuesen a recogerme, devolviéndome todos los documentos pero no así el dinero.

“Por otra parte, el personal del Consulado realizaba las siguientes gestiones:

“Informados, a la 1 del mediodía, del hecho de mi detención, por haber comunicado del garaje que había sido retirado a remolque al automóvil M- 53064- CD, propiedad de la Embajada de Chile y al servicio de este Consulado General (el que yo usaba personalmente), por un comité tranviario que manifestó que la persona que utilizaba este coche no era tal Cónsul y que se hallaba detenido.

“Telefónicamente se comunicó el hecho a la Comisaría General de Orden Público, y el Canciller Adjunto del Consulado se dirigió a la Consejería de Seguridad Interior, donde fue recibido por el señor Secretario, quien se puso al habla con el señor Consejero, entregándose a nuestro Canciller una carta dirigida al señor Comisario General, en la cual se le encarecía la más urgente  aclaración del hecho, dado lo gravísimo del caso.

“Una vez en la Policía, hallóse  con que el señor Comisario General se había ausentado y que no regresaría hasta las 4 de la tarde. Mientras tanto, se pudo localizar por el Consulado donde se había realizado mi detención.

“A las 4 de la tarde, el señor Comisario General, sin recibir al Canciller Adjunto, designó a un agente para que realizase averiguaciones, las cuales efectuó acompañado de nuestro Canciller y de otro ciudadano chileno, y utilizando un coche del servicio del Consulado.

“En estas gestiones pudo aclararse que el Comité Tranviario antes mencionado nada tenía que ver en la detención y que se había procedido a requisar el automóvil, y en el Comité de Investigación de las Milicias Antifascistas  manifestaron que tenían rumores de la detención de los señores Macaya y de otro individuo que decía estar relacionado con el Cónsul de Chile. Se les indicó que se trataba del propio señor Cónsul Encargado, ante lo cual dijeron que harían averiguaciones y que no se tuviese temor ninguno por mi persona.

“Nuevamente en la oficina del Señor Comisario General, éste recibió a nuestro Canciller, quien le detalló cómo se había llegado a conocer mi detención, exponiendo a su vez el agente puesto a su disposición las averiguaciones practicadas. Manifestó entonces el señor Comisario que todo estaba claro y que se me libertaría pronto. A las 7 comunicaban al Consulado que se me libertaba en aquellos momentos; o sea, 21 horas después de mi detención.

“En la mañana del domingo al preguntar a la Policía sobre la situación del automóvil propiedad de la Embajada, se nos manifestó que había sido devuelto al garaje, si bien se hallaba a disposición del señor Comisario General, quien quería realizar unas averiguaciones. Hasta los actuales momentos nada se nos ha comunicado.

“Barcelona, 5 de octubre de 1936.”

El 12 de octubre, Josep Tarradellas escribió al Cónsul:

“Reitero, señor Cónsul, nuestras respetuosas excusas por tales hechos que derivan de acciones que las autoridades consulares con su reconocido tacto han de procurar evitar para que no se creen los equívocos que luego hemos de lamentar.”

También ordenó que le fueran devueltas sus 125 pesetas, “incautadas durante el registro”. No sería, ni de lejos, el último incidente que pusiera a prueba la cohesión del bando republicano en la fogosa Cataluña.

Fuentes.

CENTRO DOCUMENTAL DE LA MEMORIA HISTÓRICA.

PS-Barcelona-Generalitat, 19, 2.

LA CONDENA DE LA VIOLENCIA DE LA GUERRA CIVIL.

 

Entre el 17 y el 18 de julio de 1936 tuvo lugar el golpe de parte del Ejército contra el gobierno de la República. Los sublevados controlaron desde el primer momento el Protectorado de Marruecos (de gran importancia militar), pero las dotaciones de la Armada no los secundaron y fracasaron en ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia ante la resistencia de las milicias populares, en las que los anarquistas se condujeron de manera particularmente activa. España se dividió trágicamente en dos campos opuestos en una guerra civil que duraría oficialmente hasta el 1 de abril de 1939. La historiografía ha subrayado la paradoja de unos insurrectos que dijeron tomar las armas “preventivamente” contra un hipotético golpe revolucionario y que abrieron las puertas a la revolución con su ataque al Estado republicano. En Requena, la actuación del general Riquelme neutralizó la posible adhesión de la dotación de la Guardia Civil local al golpe, mientras las fuerzas más revolucionarias del Frente Popular se hicieron con la situación. Pertrechadas con explosivos de las obras de la carretera de Valencia y unas cuantas escopetas, ejercieron su autoridad, dispusieron guardias en puntos como el Hospital de Pobres e iniciaron las incautaciones de bienes urbanos y rústicos. Templos como el de Santa María sufrieron daños irreparables, al considerar muchos revolucionarios a la Iglesia una de las grandes causantes de los males de España.

En estas circunstancias, el Ayuntamiento se vio literalmente desbordado. Sus disposiciones no eran acatadas y sus plenos se interrumpieron ante la violencia desatada, que afectó dramáticamente a más de un concejal. El 17 de agosto de aquel fatídico 1936 pudo volver a reunirse un pleno acongojado y mermado, en el que tomó la palabra el alcalde José García Tomás. Pasadas unas semanas, resignarían su autoridad a una nueva Comisión Gestora, pero sus palabras de condena de la violencia son imperecederas:

“En el salón de sesiones de las casas consistoriales de la ciudad de Requena, a las 16 horas, 30 minutos, el Alcalde Presidente D. José García Tomás con asistencia de los señores concejales que al margen se relacionan, declaran abierta la sesión, dando comienzo unas manifestaciones de condenación para el movimiento revolucionario que elementos sin conciencia han promovido, produciendo la ruina de nuestro País y desolación en millares de hogares españoles.”

Queda lo dicho y escrito.

Fuentes.

ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE REQUENA.

Actas municipales del 2 de mayo de 1935 al 5 de noviembre de 1936, nº. 2866.

 

BERLÍN, PUNTO CLAVE DE LA OPERACIÓN WALKIRIA.

 

Antes del ascenso de los nazis al poder, Berlín era una de las metrópolis más vanguardistas del mundo occidental. Su población, antes de la II Guerra Mundial, alcanzó los 4.338.756 habitantes, y su grandeza hizo creer a Hitler que se convertiría en la capital de un imperio que cambiaría el curso de la Historia durante un milenio, el III Reich. Con la colaboración del arquitecto Speer, que escalaría posiciones de poder en el régimen nazi, el Führer soñó en remodelar la ciudad, cambiando su nombre por el de Germania. No sospechaba en 1939 que terminaría siendo el campo de batalla del final de la Guerra, donde terminaría suicidándose, conquistada por los soviéticos y dividida en dos frentes durante la larga Guerra Fría.

El siglo XX marcó trágicamente la vida de los berlineses, y a día de hoy puede visitarse su Centro Monumental de la Resistencia Alemana, que recuerda que no todos los alemanes se sumaron a las filas del nacional-socialismo. En verdad, las primeras víctimas del terror nazi fueron alemanas, aunque no todos los alemanes cobraron conciencia de los males de jugar con fuego. El Centro se sitúa en el antiguo número trece de Bendlerstrasse, al mediodía del Tiergarten, el pulmón verde del centro de la ciudad. Allí se emplazó el Bendlerblock o la sede del Alto Mando del Ejército, donde tuvieron lugar algunos de los acontecimientos de la Operación Walkiria, la que se propuso acabar con Hitler y su autoridad tras la apertura del segundo frente en Europa con el desembarco de Normandía.

Las relaciones entre el Führer que se creía un infalible genio militar, digno de Napoleón, y la alta oficialidad del Ejército fueron complicadas. Muchos generales menospreciaron al cabo bohemio a despecho de las victorias iniciales alemanas en la Guerra. Acusados muchos generales de un elitismo contrario al espíritu popular nacional-socialista, las SS jugaron esta baza para disponer de sus propias fuerzas armadas. Los primeros contratiempos hicieron aflorar la tirantez. Ante la previsión de algún movimiento de disidencia interna, se pergeñó en diciembre de 1941 el primer plan Walkiria, que sería retocado en septiembre de 1943.

Se partía del supuesto de la muerte del Führer Adolfo Hitler en medio del intento de una camarilla de “partidos extranjeros” de hacerse con el control del Reich. Para detenerlo, se declararía el estado de emergencia militar, y el mando pasaría a los comandantes principales del ejército, que lo harían extensivo a las mismas SS. En este engranaje, resultaría clave la actitud del comandante del ejército de reserva, con sede en Berlín.

Tal hombre era en 1944 el general Fromm, en cuya caja fuerte del Bendlerblock las SS encontrarían una lista de implicados en la conspiración, como el juez del Tribunal del Pueblo Freisler, hasta ese momento un seguidor del régimen. Fromm había entrado en contacto con los planes de la conspiración a través del comandante von Stauffenberg, el célebre jefe de Estado Mayor del general von Tresckow. Junto a militares como Olbricht (padre intelectual de la primigenia Walkiria) y Beck, se pensaba atentar mortalmente contra Hitler, tomar el poder y negociar una paz con los aliados, especialmente con los anglo-americanos, para evitar lo peor.

El veleidoso Fromm jugó sus cartas, y llegó a poner en una lista negra a su amigo Speer, de la máxima confianza del Führer. Cuando los generales Beck y von Witzleben le instaron a que pusiera en marcha el plan acordado el 20 de julio del 44, llamó por teléfono a Rastenburg al mariscal Keitel, que le confirmó que Hitler vivía. Había fracasado el atentado en la Guarida del Lobo, en la Prusia Oriental de entonces.

Paralelamente, un confundido oficial Remer intentó arrestar al mismo ministro de propaganda Goebbels, que le hizo desistir de sus intenciones poniéndole al teléfono con el mismísimo Hitler. El golpe había fracasado, y muchos se pusieron al servicio de los leales. El propio Fromm habló  con el temible Himmler, el reichsführer de las SS, y se dedicó a detener y a fusilar a más de uno de sus camaradas de conspiración. Entre otros, ordenó ejecutar a Stauffeenberg y a Olbricht la noche del mismo 20 de julio. A Beeck se le permitió suicidarse. Así pensaba ocultar su implicación.

La lucha por la capital del Reich se había decantado por los seguidores de Hitler, pero Fromm no terminó en el bando vencedor. Tanto Himmler como Goebbels desconfiaron vivamente de sus prisas a la hora de ordenar ejecuciones, y el 21 de julio ordenaron arrestarlo al mismo Remer, ascendido a coronel por Hitler. Acusado de cobardía ante el enemigo, terminaría fusilado el 12 de marzo de 1945, cuando la pesadilla distaba de haber finalizado para las gentes de Berlín.

Para saber más.

Joachim Fest, Plotting Hitler´s Death. The German Resistance to Hitler, 1933-1945, Phoenix, 1997.

 

LA MATRÍCULA DEL INSTITUTO DE REQUENA: SU BIORRITMO DE 1928 A 1947.

 

En el curso 1928-29, hace ya cerca de cien años, el Instituto de Requena (el actual IES UNO) abrió sus aulas, entonces alojadas en el edificio del Carmen. Su matrícula de estudiantes da buena cuenta de su pulso vital en los años trascendentales que contemplaron la caída de la dictadura de Miguel Primo de Rivera, el final de la Monarquía, la II República, la Guerra Civil y la Posguerra del primer franquismo, casi nada.

La matrícula diferenciaba el alumnado que cursaba todas las asignaturas del plan de estudios en el mismo Instituto (la oficial), el que las cursaba desde un colegio privado religioso (como las Escuelas Pías de Utiel) y se examinaba en nuestro Centro, y el que de forma libre también se examinaba aquí formándose en otro centro de otra localidad. Por entonces, no todos los jóvenes tuvieron la fortuna de formarse en la Enseñanza Secundaria, considerada la antesala de los estudios superiores universitarios, a pesar que en los tiempos anteriores a la Guerra se acordaron en claustro el equivalente de las becas: las exenciones de pagos de derechos de estudios, que dejaban de ser percibidos como ingreso salarial por un profesorado altruista.

Una parte importante de los matriculados, especialmente los de la forma libre, no eran de Requena ni de su comarca, sino de otros puntos de la geografía valenciana y del resto de España, pues en 1928-29 nuestro Instituto era uno de los tres de toda la provincia de Valencia, junto al de Játiva y al de la propia capital. En el registro de salidas de su Archivo Histórico, se conserva una relación numérica de su matrícula desde el curso 1928-29 al de 1946-47. Se le puede reprochar que no contenga los datos de los cursos correspondientes a la Guerra Civil, cuando el Instituto mantuvo su labor contra viento y marea, pero aun así resulta ser una fuente histórica preciosa:

Curso académico. Número de matriculados de forma oficial. Número de matriculados de forma colegiada privada. Número de matriculados de forma libre. Total.
1928-29 23 17 172 212
1929-30 35 34 191 260
1930-31 52 25 258 335
1931-32 87 563 650
1932-33 107 839 946
1933-34 121 781 902
1934-35 111 277 388
1935-36 151 257 408
1939-40 18 18
1940-41 215 49 264
1941-42 258 41 299
1942-43 214 30 37 281
1943-44 193 23 155 371
1944-45 196 43 231 470
1945-46 214 34 315 563
1946-47 180 47 584 811

 

Se observa a las claras la laicización de la Enseñanza Pública en España entre la instauración del régimen republicano y el triunfo del franquismo. La matrícula libre se vio muy afectada a partir de 1934-35 por la apertura del segundo Instituto de Bachillerato de la ciudad de Valencia, el Vicente Blasco Ibáñez. No obstante, la matrícula oficial mantuvo un pulso firme y continuo a lo largo del tiempo y de las circunstancias adversas. Más allá de la intervención del general Varela para mantener el Instituto pasada la Guerra, fue la confianza y estimación de la sociedad requenense la que salvó una de sus más preciadas de la Edad de Plata de la cultura española.

Fuentes.

ARCHIVO HISTÓRICO DEL IES UNO DE REQUENA.

Registro de salidas, año 1947.